domingo, 23 de octubre de 2011

PASTOR CHIRIBAYA

En la costa sur del Perú, una antropóloga y una documentalista hallaron los restos de lo que sería una raza de perro pastor de llamas que no solo fue parte importante de la estructura social de los antiguos peruanos, sino que recibió un trato especial después de su muerte.

Se trata del perro pastor peruano conocido por los arqueólogos como el "perro de Chiribaya", cultura que prosperó en la costa sur del Perú y que enterraba a sus mascotas con todos los honores de un fiel amigo y compañero de trabajo.

El hallazgo se debe a las investigaciones de la destacada antropóloga Sonia Guillén Oneglio, quien debe su fama al estudio de antiquísimas momias de personajes que organizaron prósperas culturas desde Chachapoyas hasta las costas de Moquegua.

Ermanno Manniero y la doctora Velásquez han examinado al milímetro las momias descubiertas por Sonia Guillén. No hay duda que se trata de un perro pastor originario del Perú.

Y es precisamente en la zona del puerto de Ilo donde se encuentra el centro de operaciones del Centro Mallqui –"momia", en quechua–, dedicado a la investigación de la denominada Cultura Chiribaya, un cacicazgo que existió en el periodo conocido como intermedio tardío (del año 900 hasta el 1350 de nuestra era), y cuyo territorio posee hasta nuestros días una característica que es el sueño de todo antropólogo: su suelo es extremadamente seco, contiene una ingente cantidad de sales minerales, y las lluvias son escasas, lo que potencia la conservación de los restos físicos de quienes habitaron este lugar.

Las momias descubiertas en esta zona se encuentran en tal estado de conservación que mantienen intactos sus órganos internos, desde los ojos, hasta los parásitos que se quedaron en los alimentos sin digerir. Pero la doctora Guillén nunca imaginó que sus excavaciones la llevarían a encontrar más de un treintena de restos de una raza de perro lanudo que fueron enterrados con todas las características del enterramiento de un homo sapiens. Esto demuestra que en el Antiguo Perú también existieron cementerios de perros, un detalle que solo se ve en las sociedades más prósperas del siglo XXI.

La doctora Guillén sostiene que la tumba de una persona refleja su posición social, política y religiosa dentro de la organización de los pueblos antiguos, y en el caso de estos perros las tumbas demostrarían que, habiendo cumplido una vida productiva dentro de la organización Chiribaya, recibieron buen trato, ya sea vivos o muertos.

Según un interesante artículo de Nilton Torres en La República aún se puede ver descendientes directos del "perro chiribaya" en Moquegua y existe un proyecto en marcha para recuperar la pureza de esta raza. "Por eso vamos a empezar un trabajo de recojo de ADN de los canes de la zona de Ilo para compararlo con el de las momias, y luego empezar un proceso de selección y crianza. Va a ser un trabajo de varios años, pero vale la pena" mencionó Martha Meier Miró Quesada, documentalista que viene apoyando las investigaciones de la antropóloga Sonia Guillén Oneglio.

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